LA NOCHEBUENA DE 1836 – MARIANO JOSÉ DE LARRA



            Mariano José de Larra fue un conocido escritor y periodista español que nació en 1809 y que perteneció al  romanticismo literario español, de hecho, es una de las figuras más destacadas de este movimiento que se da entre los siglos XVIII – XIX. La figura de Larra cuenta con esta gran importancia debido a que es considerado el primer periodista de este país, tal y como conocemos ese término hoy en día. Su vida empieza y se desarrolla en un momento de inestabilidad política en el país. Nació en medio de una guerra civil por la independencia y más tarde viviría un reinado absolutista, el de Fernando VII. Esta inestabilidad hace que Larra y su familia tengan que exiliarse a Francia siguiendo al rey José I Bonaparte. No volverían hasta 1818, cuando se instalarían en Madrid y Larra continuaría allí los estudios que comenzó en Francia.

            Comienza a publicar artículos en la década de 1820 . En 1828 publica su primer pequeño periódico llamado el Duende satírico del día, una serie de folletos de diferente tamaño y de unas 30 páginas. En este periódico comienza a hacer críticas a la sociedad y a la situación política del momento por medio de sátiras. Pese a que El Duende Satírico es cerrado por una denuncia de una autor al que Larra había criticado en este periódico, el escritor español siguió escribiendo, hizo incluso obras de teatro (Como por ejemplo la comedia costumbrista “No más mostrador”).
El 1832 comienza de  muevo a escribir críticas en El pobrecito hablador, después colaborará con La Revista Española, un periódico liberal en el momento en el que el gobierno estaba ya en manos de la reina consorte María Cristina. Es entonces cuando aparece el seudónimo más conocido de Larra, ‘Fígaro’, con el que haría críticas literarias y políticas en una sociedad muy costumbrista, ya después de la muerte de Francisco VII. En los años sucesivos escribió una novela histórica titulada “El doncel de don Enrique el Doliente”, y escribió para el periódico El español. En 1836, un año antes de su muerte, es nombrado diputado por Ávila, pero un motín impide que tome posesión de su cargo.
Sus últimos artículos, en su gran mayoría para el español se caracterizaban por su pesimismo, que tapaba su tono humorístico e irónico. En febrero de 1837, Larra decidió poner fin a su vida suicidándose de un disparo en la cabeza.

           La noche buena de 1836 es uno de los últimos artículos de Larra en el que cuenta su particular mala suerte con día número 24 de cada mes, su rutina el día de Noche buena y la conversación final con su criado. Un artículo cargado de pesimismo y significado, con un tono humorístico que deja entrever un sentido de angustia en el autor. En este artículo, muy apartado de los típicos artículos sobre la Noche Buena, a parte de contar una rutina en su día mientras va pasando poco a poco por las plazas y lugares concurridos de Madrid, hace una crítica, ve como los pequeños pueblos del norte no se acercaban para nada a la gran abundancia de felicidad, comida  y  buen vivir de la gente de la capital. Una crítica más a la sociedad de la época y a su gobierno, que ignoraba las hambrunas que pasaban los pequeños pueblos, que eran los que más estaban sufriendo la guerra.
            En el día de la mala suerte para Larra, decidió pactar con su criado que cuando volviera a casa para cenar, le permitiría decirle la verdad, tal y como hacían con los esclavos sus amos en la Antigua Roma. El trato hacia su criado es de inferioridad, pero pese a esto, no lo diferenciaba del resto de la humanidad, sino que lo incluía en “un surtido, ordinario y a la rústica”. Pero en este texto la figura de este criado asturiano y su intervención final será el núcleo, la parte más importante del artículo.
            Las palabras del criado representan la conciencia de Larra, que quiere evitar oír a toda costa, pero que termina atrayendo hacia él al hacer ese trato con el sirviente. Sus palabras despiertan los pensamientos y remordimientos del autor, que pese a que no le dejaran dormir y estuvieran presentes, su principal intención era intentar ignorarlos y llegar a olvidarlos. Representa también la idea de que aunque el criado no tenga prácticamente nada, duerma poco y sobre una dura tarima, y  tenga que aguantar los desplantes de Larra, sigue siendo un poco más feliz que él, incluso admite sentir lástima por el escritor. Finalmente, destaca que su falta de necesidades es una mejor manera de llevar la vida, ya que a penas tiene preocupaciones, no tiene un público que mantener o una reputación que guardar. Él en cambio debe vivir con la duda de si al día siguiente seguirá conservando todo eso o tendrá más angustias de las que preocuparse, de la incertidumbre de no saber a dónde le llevará la vida o del rechazo por su incapacidad de contenerse sentimentalmente.
           

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